Jan, Peter y Jule son tres jóvenes rebeldes que sueñan con cambiar el mundo. Jan y Peter se convierten en Los edukadores, los misteriosos autores de actos poéticos y no violentos con los que quieren desestabilizar y avisar a los ricos de que sus días de bonanza están contados. Pero todo se complica cuando la vulnerable Jule se enamora de los dos chicos. Una decisión imprudente acaba por ponerles en peligro. El plan no sale como estaba previsto, y lo que nunca debió ser un secuestro acaba por enfrentar a los tres jóvenes idealistas con los valores de la generación en el poder.
El esperpento comienza aquí, pues la siguiente mitad de la película transcurre entre largos y profundos discursos sobre la moral pequeño burguesa, la opresión social y cómo las drogas le roban la energía revolucionaria al proletariado (cito textualmente). Lo propio de unos chavales muy concienciados. Al principio de la película los podemos ver protestando delante de una tienda de calzado deportivo porque las grandes marcas obligan a trabajar a los niños. Toda esta conciencia traspira por toda la película. Mientras tanto, Hardenberg (Burghart Klaussner) poco a poco comienza a caer en los ideales de los chavales y a recordar con cierto anhelo su pasado de hippie del 68, aunque su personaje está ahí para dar la respuesta negativa a los protagonistas, que son portadores de la gran verdad liberadora, y no le queda más remedio que seguir defendiendo su visión de la vida y de cómo el sistema engulle a todo lo que se le opone.
En fin, un filme sin desperdicio del que se pueden extraer numerosas ideas, siempre y cuando el espectador no se quede en la visión superficial del mismo.
Fernando Roldán
domingo, 15 de junio de 2008
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